Valores centrales

 «Estamos al servicio de la vida y del bien común para la emancipación de todos los seres
– Alma Tierra

Aquí les compartimos los ocho valores centrales de Alma Tierra y nuestra experiencia con estos. Estos valores son muy importantes para nosotros, son las pautas que nos dirigen para navegar este mundo de forma más significativa y que nos guían en el camino que hemos elegido caminar. Nos permiten ser claros con nosotros mismos y nuestras relaciones y mantener pensamientos y acciones consistentes y coherentes relacionados con lo que elegimos preservar y crear.

Estos valores son parte integral de nuestro proceso, así como de la rueda Medicina con la cual guiamos la transformación. Cada uno de ellos nos lleva más lejos en nuestro camino de evolución y conciencia. A través de los ciclos de nuestras vidas, aprendemos a entender sus significados profundos y cómo vivir con estos en todo momento.

La Honestidad es el primer valor que se enseña en el camino de la conciencia y la felicidad. Muchas leyendas y espiritualidades dicen que nuestro mundo es una ilusión, un sueño. Que somos los soñadores y que podemos despertarnos. El primer consiste en quitarnos las máscaras para ver lo invisible, más allá de la ilusión. Más allá de los temores de ser verdadero, autentico, más allá del deseo de controlar lo que nos rodea, más allá del condicionamiento. Esto, para descubrirse a sí mismo y ofrecerle al mundo lo que realmente somos. Esto para descubrir el universo en el que vivimos.

Ser honesto consigo mismo en primer lugar, para aceptar quien somos, y luego ser honesto con todas nuestras relaciones.

Las máscaras y el velo de la ilusión se disuelven con honestidad y nuestras relaciones se vuelven mucho más profundas, nutritivas y transformadoras. Sin honestidad, no podemos despertarnos. Con la Honestidad, encontramos nuestra integridad de un alma al servicio de la vida, encontramos lo divino, aquello que es sagrado.

Este es el camino de la Honestidad.

El Respeto es honrar y actuar viendo a cada ser, cada cosa y toda la creación como una entidad libre y soberana. El respeto viene con la comprensión de que existe una relación fundamental e interrelacionada entre todas las cosas y todos los seres vivos. Comprender que somos una parte interconectada de un todo que es complejo y que siempre lo seremos, incluso después de la muerte. De esta manera, cada pensamiento, acción, emoción experimentada y proyectada volverá a afectarnos con la misma energía. Con este entendimiento, el respeto  así sí mismo es primordial, así como el respeto del otro y todo lo que nos pareciera estar fuera de nosotros. El Respeto de nuestros compromisos y la energía que cada uno ofrece en sus relaciones y en este mundo. El Respeto por el ritmo de cada persona, nuestros desafíos, nuestras experiencias. El respeto es preguntar a cada ser afectado por nuestro comportamiento su consentimiento antes de actuar y de actuar solo si el consentimiento ha sido otorgado.

El Respeto requiere desapego frente a los propios deseos. Pide integrar una visión más grande que el yo individual para abarcar la totalidad de la creación, el yo universal.

Con respeto, salimos de las garras de la violencia, de la guerra, de la destrucción y entramos en un estado de co-creación viviente para el bienestar de todos.

El Coraje viene del corazón que se abre para poder avanzar en el camino menos transitado. Nos permite emprender lo que nos parece difícil, a veces aterrador y desconocido yendo más allá del miedo, viviendo el sufrimiento, enfrentando el peligro, con la confianza en nosotros mismos y aquello que es más grande que nosotros. El  auténtico coraje existe con la presencia del miedo, superando esta con acciones. El coraje, es entonces, observar la vida y actuar en coherencia con sus valores, sus dones, su fuerza interior y aceptar que no tenemos control sobre la inmensidad de las realidades.

Es defender lo que nos parece correcto, para nosotros mismos y nuestra verdad interna, para nuestra familia, nuestra comunidad, la tierra y toda la creación. Es elegir no abandonarnos ni abandonar a los demás cuando se enfrentas desafíos. El coraje es esencial para el camino de los héroes del corazón.

Exige un deseo de emancipación, transformación y evolución. Con valor, dejamos de escondernos tanto de la vida como de la adversidad. Abrimos nuestros corazones de par en par y nos sumergimos en lo desconocido con el poder del amor, Asia nosotros mismos y Asia todas nuestras relaciones.

Con coraje, dejamos atrás el falso consuelo de una existencia condicionada y limitada, para entrar en el desarrollo de experimentar al ser divino que somos.

La Humildad se adquiere con el tiempo, lo vivido y la experiencia de la vida. Crece cuando elegimos pasar a través grandes pruebas y el sufrimiento profundo al hacer confianza en aquello que es más grande que nosotros. En las profundidades de las sombras, nos enfrentamos con la dimensión humana, con nuestra fortaleza, nuestras debilidades y nuestras heridas. Al abandonarse a la energía divina nos volvemos conscientes y experimentamos nuestra condición y nuestro lugar en relación de los demás y en el universo. Crecemos entonces en madurez emocional, para nosotros y para nuestras relaciones porque entendemos que no somos más ni menos que cada uno de los seres vivos y que somos parte de un todo sagrado, en una apariencia separada pero indisociable.

La humildad es la conciencia de que tenemos un camino infinito por recorrer y que está bien así. Que somos una gota de agua en el océano, y al mismo tiempo toda la totalidad de lo divino que reside en nosotros. Es la apertura para conocer algo más que nuestras propias creencias, y que cada uno de nosotros somos una pieza del gran tejido viviente de la vida. Por lo tanto, la humildad nos invita a reconocernos de forma completa, sin orgullo y con amor, y a reconocer al otro plenamente y exactamente de la misma manera. Para celebrar esto en el regocijo divino y la interconexión entre todos los seres.

Con la Humildad, dejamos las metas y objetivos insaciables que surgen de un yo herido, del ser atemorizado en nuestro interior, de una mente ansiosa que trata de controlar y entramos en la vida y caminamos al servicio de todas nuestras relaciones, de la creación, de lo divino . Entonces somos el río que fluye constantemente hacia el océano del pensamiento cósmico.

La Benevolencia es el estado de ser del corazón que aspira y desea la felicidad de todos los seres. De esta aspiración verdadera y plena surgen pensamientos y actos que curan la soledad, el aislamiento, el miedo, la ira, la tristeza. La benevolencia hacia uno mismo es escuchar lo que uno siente y tener la capacidad de acogerlo plenamente, honrarlo para así poder actuar de forma acorde a cuidar de sí mismo. La benevolencia hacia la otra persona es poder estar atento al ser que sufre o que se beneficiaría de nuestra ayuda y estar allí para él. Es poder estar disponible a acoger aquello que es vivido y sentido, y poder comprender de forma más profunda aquello que el otro necesita y actuar con lo mejor que tenemos para sostenerlo en su camino, sin esperar nada a cambio, pero con la intención clara de participar en la felicidad sin apego.

La benevolencia no tiene escala. Se encuentra diariamente y en el momento presente. Ella ofrece una mano, una oreja, una palabra reconfortante, una comida para el hambriento, una sonrisa sincera, un refugio para pasar la noche. Ella nos abre la puerta Asia la conexión y es entonces cuando nace entre nosotros un sentido de hermandad, de comunidad humana y más que humana.

Con benevolencia, dejamos atrás el aislamiento y la separación, abandonamos la opresión y la competencia para vivir en el apoyo, el compartir, el intercambio y la prosperidad en la interrelación.

La Responsabilidad está vinculada a la transición de la infancia inocente Asia la conciencia madura del ser. Esta nos devuelve nuestra elección, para así responder a la vida de forma independiente con respecto a nuestras habilidades y todo lo que somos. Es evaluar los efectos de nuestros pensamientos y acciones, así como su procedencia y actuar con integridad por el bien del macrocosmos y el microcosmos. Esta fuerza debe ser equilibrada con el poder recibido de forma sana por la comunidad humana y natural, la experiencia de vida y la sabiduría adquirida. La responsabilidad pertenece a cada ser humano, soberano y libre y no está sujeta al dominio de una ley opresora que gobierna, ni de reglas que están fuera de contexto, ni de un sistema político, ni de un poder ilegítimo, ni de una época o  de un momento dado. Esta está basada en un sistema universal de relación interdependiente. Cada uno de nosotros es responsable de su singularidad, de su presente, de la intensidad de la vida que escogemos vivir y de cada uno de nuestros pensamientos y acciones que tendrán un impacto en nuestras relaciones, el mundo natural y sobre las generaciones futuras en relación con la prosperidad de la vida en la tierra.

La responsabilidad trascendental requiere romper los estándares y reglas comunes de la humanidad para recorrer el camino del alma. Ella pide que abramos nuestro corazón y lo dejemos vibrar alto y fuerte, para construir con esta nuestra voluntad y nuestra visión clara para transformar verdaderamente la historia humana y más que humana.

Con la responsabilidad, abandonamos la inercia y dejamos de dar nuestro poder interno a una autoridad ficticia. Nos despertamos al hecho de que nadie puede evitar que seamos felices, que todos se beneficiarán de nuestra felicidad y de nuestro despertar. Nos damos cuenta y experimentamos que la fusión del ser individual con su total responsabilidad hacia el universo entero da luz a nuestra existencia, al pasado, al presente y al futuro del todo.

El Amor es el centro divino.

Es la energía creativa y la inspiración que dio origen a todo lo que existe. Es el impulso que engendró la gran separación para experimentarse a sí misma. El amor máximo no tiene ni fin, ni limite. Ella es incondicional, está en todas partes y siempre presente para cada parte de lo que somos, para cada parte de la gran totalidad. El amor no juzga, no define, no etiqueta. Ella no tiene edad, ni color, ni sexo, ni nacionalidad. El amor es la fuerza que se siente a través de todos los cuerpos de esencia. Ella crea una expansión cada vez que le pedimos conexión con la intención de abrir nuestro corazón. Ella nos recibe incesante e incansablemente y nos lleva al éxtasis de la felicidad y la conexión fusional.

El amor es la canción de los pájaros al amanecer, es el suave beso del viento sobre nuestra piel, es la sonrisa del extraño que cruza nuestro camino. Es la lluvia salvadora la que limpia nuestros cuerpos y nuestras heridas. El amor es la tierra fértil que apoya cada uno de nuestros pasos, es el fruto del árbol que crece a través de las tormentas y los días cálidos. Son las estrellas brillantes que nos cuidan como los antepasados ​​de la vida misma.

El amor es consciente, nunca ingenuo, atraviesa la mente con agudeza y penetra el alma de quien tiene sed de lo divino. Ella es consciente que cada ser humano está lidiando con sus propios desafíos, su propio sufrimiento y que solo el Amor puede aliviar esa realidad. Nos pide que nos amemos a nosotros mismos, con todas nuestras sombras y toda nuestra luz y que amemos a los demás con todas sus sombras y toda su luz.

Con Amor, salimos de la inconsciencia enredada en el sufrimiento y los patrones de limitación mental para entramos en el reino de la alegría y la abundancia universal.

Conocer el Amor es conocer la paz y la felicidad.

La Sabiduría es la madurez del ser.

Se adquiere con conciencia y responsabilidad frente al impacto de los pensamientos y las acciones en relación con toda forma de vida, la impermanencia de todas las cosas y la transición Asia la muerte y el renacimiento. Es el resultado de la evolución después de las pruebas, de la experiencia y del autoconocimiento, de la sombra y del sufrimiento, así como de la luz y la felicidad.​

La sabiduría implementa cada uno de los valores de forma consiente y consistente, con integridad en la vida cotidiana, porque ella siente el impacto y conoce el significado de cada uno de ellos. Ella es paciente sabiendo que todo sucede en su momento y que es inútil obligar a una flor a abrir sus pétalos.

La sabiduría actúa con confianza y al servicio de la vida porque sabe que es solo una parte del todo y que el aliento divino es su guía en el camino de lo desconocido. Nos invita a transformar nuestros pensamientos y acciones en relación a las experiencias vividas, sabiendo que reproducir lo que causa el sufrimiento nos devuelve al «sámara» y que el camino hacia la felicidad y la iluminación es de cambiar estos patrones para comportamientos relacionados con el Amor y el bienestar de todos los seres.

Con la Sabiduría, salimos de la ignorancia y evolucionamos hacia la comprensión, la experiencia y la encarnación de la energía divina.

ALMA TIERRA

Creando Espacio para la Transformation.

Por el Bienestar de Todos los Seres.
Manifestar un mundo de paz, amor, alegría y prosperidad por todos.

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